La República Argentina es el quinto productor de vino del mundo. Esta bebida, junto con la cocina argentina tiene sus orígenes y raíces en países europeos como España e Italia. Durante la colonización de las Américas, los primeros gajos de parras se trajeron al actual territorio nacional a la provincia de Santiago del Estero en 1557. El cultivo de las uvas y la producción de vinos, se extendió rápidamente a las regiones vecinas y luego al resto del país.

Históricamente, los productores argentinos han estado más interesados en la calidad de la producción que en la cantidad. Teniendo en cuenta que el 90% del vino producido, se consume dentro del país, es decir unos 45 litros al año por persona, según las estadísticas del 2006. Hasta la década de los ’90, la República Argentina produjo más vino que cualquier otro país fuera de Europa. Es a partir de esa década, que el país comienza a exportar sus productos al mundo y su popularidad no cesa de crecer, convirtiendo a la república en una de las exportadoras más grandes de América Latina.

Las regiones más importantes en el país son: las provincias de Mendoza, San Juan, La Rioja, Salta, Catamarca y Rio Negro y más recientemente también el sur de la provincia de Buenos Aires comenzó su propia producción. Por su parte solo la provincia de Mendoza fabrica más del 60% de los vinos argentinos y exporta en cifras aún más altas. Debido a las alturas de sus terrenos y los bajos porcentajes de humedad de las regiones productoras, los viñedos argentinos suelen muy rara vez verse afectados por plagas de insectos, hongos u otras enfermedades propias de las uvas que afectan normalmente a otros países. Esto permite cultivar sin necesidad de utilizar insecticidas, lo que da a su vez la posibilidad de producir vinos orgánicos con gran facilidad.