La viticultura fue introducida en Argentina durante la colonización española de las Américas y más tarde por los misioneros cristianos. En 1556 el padre Juan Calderón estableció el primer viñedo en Argentina. Desde el valle chileno central llegó a lo que hoy se conoce como las provincias de San Juan y Mendoza. Los ampelógrafos (quienes estudian desde la ciencia botánica la identificación y clasificación de las vides) sospechan que los primeros cortes que se introdujeron al suelo nacional son la uva País de Chile y la uva californiana Misión. Estas uvas, parecen ser las antecesoras de la que hoy es la Criolla chica, la cual es la variedad que comenzó con la producción de vinos en Argentina hace 300 años.

Los primeros datos comerciales de viñedos datan de 1557 encontrados en Santiago del Estero, establecidos por misioneros jesuitas. A partir de allí comenzó la expansión de la producción vitícola en Mendoza a principios de 1560 seguido por San Juan entre 1569 1589. Durante estos años, los misioneros junto con los pobladores iniciaron la construcción de complejos sistemas de riego y diques que conducían el agua de deshielo de los Andes hacia los cultivos.

Durante la gobernación de San Juan de Domingo Faustino Sarmiento, cortes de uvas franceses fueron introducidos a estos suelos. Sarmiento le encargó la misión al agrónomo Miguel Aimé Pouget. Las primeras vides de Malbec que se plantaron en suelo sanjuanino fueron las que Pouget trajo desde Francia.

Mientras que la industria del vino se establecía en la zona montañosa oeste del país, en el este la población crecía. El vino se transportaba en grandes carretas que realizaban viajes difíciles y peligrosos. Fue recién en 1885 cuando el sistema de trenes conectó a la ciudad de Buenos Aires con la ciudad de Mendoza que la industria del vino comenzó a crecer notoriamente en el mercado interno.