Se amplía el mapa del vino en Argentina

En el año 1936 el entonces presidente de la República Argentina, Agustín P. Justo, promulgó la famosa y polémica Ley de Vinos. Según se dispuso en aquella normativa, las únicas regiones del territorio nacional que estaban habilitadas a producir vino para su comercialización, eran las del norte de los Andes y las provincias de Cuyo.

Por efecto de esta ley, cientos de bodegas de todo el país cerraron sus puertas, así como regiones enteras con una larga tradición vitivinícola, debieron abandonar su producción o dedicarse a otros cultivos de la noche a la mañana. Algunas regiones, como las provincias de Entre Ríos o Córdoba, tenían una antigua tradición y el legado de los Jesuitas desde la época de la colonia.

De ese modo, la región cuyana y la cordillera norte se transformaron en sinónimo de producción de vinos, especialmente las provincias de Mendoza y San Juan.

El cambio de siglo

Esta situación cambiaría más de setenta años después, casi con el final del siglo XX. Fue en el año 1998 cuando esta vieja ley fue finalmente derogada, abriendo paso a una verdadera revolución silenciosa en la producción de vinos de la Argentina.

Regiones enteras comenzaron – de a poco – a volver a producir vinos, cada una eligiendo el tipo de cepa y el modo de producción más apto para el clima y la economía que las caracterizan. La gran cantidad de condiciones climáticas del territorio nacional hizo que lentamente vayan apareciendo diferentes producciones vitivinícolas, incluso en regiones donde antes parecía imposible que tal cosa ocurriese.

En el noroeste del país y en la Patagonia, las condiciones ya estaban dadas para la producción, debido al relieve de montaña. SIn embargo, otras áreas se sumaron, entre ellas la región pampeana, las regiones serranas de Córdoba y San Luis, e inclusive la región del litoral redescubrió su antigua tradición en vinos. Hoy en día, la industria vitivinícola argentina se amplía decididamente por la geografía del país.