Bajo las leyes de vinos argentinos, si el nombre de una uva aparece en la etiqueta de la botella, ese vino debe al menos contener el 80% de la uva mencionada. El pilar del desarrollo de la producción vitivinícola en Argentina, fue la docilidad de las uvas Cereza, Criolla Chica y Criolla Grande; las cuales se siguen utilizando hoy en día y llegan al 30% de las variedades plantadas en todo el país. Este tipo de uvas logran crecer en racimos de hasta 4 kg y tienden a producir vino rosado o blanco y generalmente dulce.

Estas variedades son las que generalmente también se utilizan en los vinos de caja de 1 litro, o como de jugo de uva concentrado; el cual se exporta muy bien mundialmente siendo Japón uno de los mayores importadores. Hacia finales del siglo XX, la producción argentina de vinos comenzó a especializarse en la exportación, es allí cuando se incrementa la plantación de Malbec , la cual es hoy la variedad de uva negra más plantada, a la que le siguen la Bonarda, Cabernet Sauvignon, Syrah y Tempranillo. La influencia de inmigrantes italianos introdujo variedades como: Barbera, Dolcetto, Freisa, Lambrusco, Nebbiolo, Raboso y Sangiovese.

Si bien la cuna del Malbec es en Francia, donde se cultiva en altos porcentajes especialmente en Cahors y en la ciudad de Bordeaux, es en Argentina donde esta uva recibe mayor notoriedad. La que crece en suelo nacional es relativamente diferente a su pariente francesa, la cual suele ser mucho más pequeña. El vino Malbec se caracteriza por ser de color intenso y sabor frutal con textura aterciopelada. Al año 2003 se contaban unas 20.234 ha. de esta uva. Por su parte, la variedad internacional de Cabernet Sauvignon gana más y más popularidad, y se suele utilizar junto con Malbec, Merlot, Syrah y Pinot Noir.